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Psoriasis y estrés: ¿cómo gestionar el estrés?

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca la aparición de placas enrojecidas, irritadas y con escamas en la piel. No es una patología contagiosa, pero la visibilidad de las lesiones cutáneas puede causar rechazo social, a pesar de que cada vez hay más visibilidad y aceptación en la sociedad. Aunque el síntoma más evidente son las placas en la piel, la psoriasis es una afección sistémica, es decir, que puede afectar a cualquier órgano o sistema del organismo, provocando otros problemas como artritis psoriásica, afectación hepática, renal o depresión, entre otros. A esto hay que sumarle que factores como los cambios hormonales o el estrés tienen una gran influencia en la aparición de brotes de psoriasis. Así, la evolución favorable de los tratamientos para la psoriasis también dependen de que el paciente se encuentre estable. 

El estrés no puede provocar psoriasis por sí solo, sino que juega un papel clave en el desarrollo de una fase de brote. Además, la propia enfermedad puede ser una causa de estrés, pues las lesiones en la piel, especialmente en zonas visibles como las manos o la cara, pueden dañar seriamente la autoestima del paciente y provocarle ansiedad, llegando incluso a afectar a sus relaciones personales y laborales. El estrés es una afección común en la sociedad actual, sin embargo a las personas con ciertas patologías les puede perjudicar incluso más. Por eso, es importante intentar encontrar el foco que lo produce y poner medidas para minimizarlo en la medida de lo posible. 

PRINCIPALES CAUSAS DEL ESTRÉS:

Hay diversos motivos que pueden provocar la aparición del estrés, por eso es identificar cuál o cuáles son los que nos están afectando e intentar solucionar el problema de raíz si es posible:

Exceso de trabajo: Los picos de trabajo y la sobrecarga de tareas puede derivar en un estrés constante que acaba afectando tanto a la vida laboral como personal. Ante esta situación, lo mejor es ser conscientes, aceptar que no podemos con todo (y no pasa nada por ello) y hablar honestamente con nuestro superior para ver cómo solucionarlo, o si eres jefe, aprender a delegar

Atender a la familia: Es normal intentar satisfacer todas las necesidades de nuestra familia, sin embargo cuando se trata de niños pequeños o de personas mayores, es una tarea que puede requerir mucho tiempo y esfuerzo, y no siempre es posible abarcar todo lo que nos gustaría. Buscar soluciones alternativas o pedir ayuda a otros miembros de la familia son opciones que podemos barajar en este caso para que la situación no nos sobrepase. 

La presión de las vacaciones: A pesar de que el período vacacional es para descansar, muchas veces nos encontramos con que salir de nuestra zona de confort o  el hecho de no estar trabajando nos hace sentir ansiosos. Incluso el intentar buscar las vacaciones perfectas con nuestra pareja o familia puede ser causa de nerviosismo. 

No saber decir “no”: Muchas personas se sienten violentas a decir “no” y poner límites, ya sea por culpabilidad, querer hacernos responsables de todo, evitar la confrontación o el miedo al qué dirán. Es importante aprender a decir “no” de forma asertiva y establecer ciertos límites, incluso si se trata de familia o amigos. Así evitaremos el estrés de tener demasiados compromisos y encontraremos el equilibrio entre ser generosos con los demás y disfrutar de nuestro propio tiempo. 

No tener tiempo libre: Es esencial desconectar del trabajo o las situaciones que nos causan más estrés y buscar tiempo de ocio para disfrutarlo como nos apetezca. Si te cuesta encontrar tiempo libre, es importante que lo calendarices en tu agenda como una tarea más, “obligándote” así a cumplir con el horario previsto y descansar en los espacios destinados para ello. 

Obsesionarse con la perfección o lo previsto: Hay que poner mimo y esfuerzo en todo lo que hacemos, pero no debemos presionarnos con que todo tiene que salir perfecto o tal cual lo hemos planeado, pues lo habitual es que surjan imprevistos y no todo vaya perfecto. Es más, la perfección absoluta no existe, así que lo mejor es no obsesionarnos con ella. 

Sentirnos confusos y perdidos: No encontrar algo que nos motive, no tener clara nuestra dirección o lugar en la vida o sentir que tenemos la cabeza “desordenada”, es bastante más común de lo que creemos. Casi todas las personas sufren una época de “crisis existencial” donde no tienen claro su futuro laboral o personal y se sienten perdidas, lo cual suele conllevar una importante ansiedad. Lo mejor es no agobiarnos ni presionarnos, hablar del tema con personas cercanas e incluso un profesional, y seguir buscando una fuente de motivación  e inspiración, que antes o después llegará. 

CÓMO CONTROLAR EL ESTRÉS

Para controlar el estrés es esencial ponerle solución al problema que lo causa, pero cuando esto no es posible, hay ciertas actividades y técnicas que nos pueden ayudar a gestionar la ansiedad y tranquilizarnos.

Practica deporte: La actividad física ayuda a aliviar la tensión y fomenta la liberación de endorfinas y serotonina, sustancias que influyen positivamente en el estado de ánimo y proporcionan una sensación de calma y bienestar. Sobre todo, es recomendable practicar deporte en equipo o grupo para animarnos mutuamente a no dejar la actividad y que se convierta también en un espacio de ocio.

Establece prioridades: Identifica las situaciones que te causan estrés y procura evitarlas, dándole prioridad a las cosas que te hacen sentir bien.

Cuida la alimentación: Una dieta saludable que nos aporte los nutrientes adecuados mejora la autoestima, hace que nos sintamos mejor y disminuye el estrés.

Evita las sustancias excitantes: Procura disminuir el consumo de cafeína, teína u otras sustancias excitantes, pues aumentan el nivel de nerviosismo. Puedes sustituir el café o el té por infusiones sin teína como el rooibos o menta poleo.

Disfruta de un baño calentito: La ducha o el baño es el momento perfecto del día a día para relajarnos y desconectar. Crea una atmósfera tranquila, puedes poner música relajante o encender alguna vela, y tómate todo el proceso con tranquilidad, sin prisa. Además, si sufres psoriasis puedes aprovechar para tratar las lesiones con productos adecuados como Bionatar Champú, que tiene propiedades antiinflamatorias y antifúngicas para el cuidado íntegro de la piel con psoriasis, ya sea en cuero cabelludo o en cuerpo. Tómate tu tiempo y aplícalo con un suave masaje en el cuero cabelludo, como si estuvieras en la peluquería, pues la cabeza es una zona muy sensible y el agradable masaje te ayudará a relajarte. Tras salir de la bañera puedes aplicar sobre la piel Bionatar Crema para reducir el picor y el eritema, masajeando suavemente y disfrutando de ese momento para ti. Eso sí, no es aconsejable abusar del agua caliente en la piel, procura que la temperatura sea agradable, pero no esté caliente en exceso.

Pasar tiempo de ocio con familia y amigos: Evita aislarte y disfruta de la compañía de tus seres queridos para reírte y pasar buenos momentos. ¡Reírse es la mejor terapia antiestrés!

Descansa lo suficiente: Procura mantener una rutina del sueño adecuada, evitando cenar mucho, mirar el móvil antes de dormir u otras actividades que puedan alterar el sueño. Dormir bien es esencial y reparador en situaciones de estrés.

Practica técnicas de relajación: Hay numerosas técnicas de relajación, desde el Yoga o el Taichí hasta ejercicios de respiración que nos ayudan a disminuir el estrés en momentos puntuales. Procura buscar la técnica que mejor te funciona y ponla en práctica para disminuir la ansiedad. Puedes consultar a un especialista en el tema que te ayude a encontrar la adecuada en tu caso y te de las herramientas necesarias para gestionar el estrés.

¡Y no permitas que el estrés sea el que marque las pautas en tu vida!

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