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Llega el verano y, con él, los días de playa y piscina, excursiones por el campo y actividades disfrutando del buen tiempo al aire libre. Sin embargo, hay que tener cuidado con el sol, pues por muy atractivo que nos resulte el bronceado, la exposición solar prolongada sin la protección adecuada puede provocar ciertos problemas en la piel como quemaduras o queratosis actínica, e incluso, en los peores casos, cáncer de piel.   1. Quemaduras solares Las quemaduras solares es el primer problema que aparece tras la exposición prolongada al sol, y también el más frecuente. Se caracterizan por el enrojecimiento de la piel, y suelen aparecer entre 4 y 24 horas después de la sobreexposición a los rayos UVA. Los síntomas pueden variar desde la piel sensible y caliente hasta ampollas, fiebre, escalofríos, naúseas o erupción cutánea en los casos más

El término queratosis actínica hace referencia a una serie de lesiones cutáneas a consecuencia del daño solar y que aparecen con mayor frecuencia, por tanto, en zonas de la piel habitualmente expuestas al sol. Dichas lesiones en la piel pueden manifestarse en forma de costra o escamas y suelen aparecer en áreas alopécicas del cuero cabelludo, cara, orejas, labios, dorso de las manos, antebrazos, hombros o cuello así como en otras partes del cuerpo expuestas a la radiación solar. La queratosis actínica también se la conoce como precáncer porque puede ser el primer paso de un carcinoma de células escamosas y las lesiones que provoca suelen crecer de forma lenta y progresiva, lo cual hace que los síntomas se manifiesten habitualmente en personas de edad avanzada. Por ello, es fundamental protegerse de los efectos negativos de la exposición solar de cara a prevenir este tipo